28 de diciembre de 2022

LA ÚLTIMA HOJA

 

En los otoños hay una música que colorea los vestidos naturales de las arboledas. Son los álamos y las choperas de las frondas de los ríos, los  primeros que se dejan acariciar por los ponientes dulzones y se ruborizan utilizando los tonos amarillos y ocres para finalmente dejarse llevar en un baile lento y acompasado. En su danza van buscando posarse en aquellos huecos en donde el rigor de la seca dejo al descubierto la tierra yerta  tapizándola de colores, arropando maternalmente a la Pacha Mama para que bajo su capa nuevamente los verdes vuelvan a renacer. La naturaleza se adorna de esa lirica de colores para enmarcar el inexorable ciclo que permite el tránsito de la renovación, enajenándolo de  tragedia para revestirlo de la estética necesaria que debe acompañarla en este trecho biológico. Los “sapiens”  de hoy medimos el tiempo, porque vivimos desacompasados de las pautas ancestrales. Los tiempos naturales son ajenos a nuestros relojes y calendarios. Estos últimos, a modo de arboles,  se arraciman de hojas artificiales, que dividimos en días a los que les asignamos tutelas, protecciones de divinidades y santorales, advocación arrastrada desde las antigüedades clásicas. Satisfechos o no, de estas protecciones arrancamos las hojas estableciendo nuestro propio orden, a veces sin darnos cuenta que en las fechas que las componen se esconden hechos terribles de cuyo recuerdo nos libramos mandándolos a la papelera que se constituye en pozo del olvido y en relajo de conciencia cínica. En ocasiones, el olvido y la dejación que son trampas para luchar contra el inevitable alcance del tiempo, nos llevan a intentar artificiar la tesis de Agustín de Hipona de que el tiempo sólo es presente, sin pasado ni futuro. Pero eso por más que queramos, el espejo a diario nos muestra que los presentes son efímeros y como las hojas nuestros apéndices vitales comienzan a desgajarse. La cuestión más que agustiniana es senequista. Es tomar conciencia en qué lo empleamos de forma provechosa, con la plenitud aceptada de los ocres y amarillos naturales. Al hilo de ese artificio de la última hoja que marca un final, hay otro más natural: lo que empieza de nuevo, que en cuarta acepción de la RAE, nos dice: Nuevo.- “Distinto o diferente de lo que antes había o se tenía”. Pues se trata de eso. Distinto al avance de las autocracias y la ultraderecha; distinto al descrédito de la justicia. Distinto a esa repetición de la especulación de bienes primarios y de la alimentación, con el consiguiente daño a las clases más desfavorecidas económicamente. Distinto al aumento de la violencia de género. Distinto para que nuestra democracia, no se devalué más. Distinto para concienciarnos de la gravedad del cambio climático. Arranque la última hoja, pero no la tire, sino quiere que las piedras caigan en su  propio tejado. Lo mejor para el cercano año 2023, pero sobre todo que sea distinto.

4 de diciembre de 2022

LA NUEVA ENEIDA

 

Seguro que han oído hablar de Homero o han leído alguna de sus dos obras clásicas: La Iliada yla Odisea. En ambas, la sociedad griega buscó sus orígenes. Sus héroes y sus dioses, formaban parte de la tradición oral legendaria que luego es pasada a la escritura. Roma no tuvo esa suerte, pero Augusto le encargo al gran Virgilio la escritura de La Eneida. En ella se inventaba un gran pasado ficticio que colocaba a Roma a la altura de los griegos y de su legado,emparentando a sus primeros reyes con los dioses de la Grecia homérica. De esa forma los primeros régulos legitimaban un poder que venía otorgado por las divinidades. Los americanos, me refiero a los del norte, no han podido articular nada sobre su pasado, del que apenas han trascurrido cuatrocientos años. A cambio nos han mostrado un presente reinventado por los nuevos virgilios. La novela y principalmente el cine se han encargado de transmitirnos una imagen de verdades a medias. Es cierto que la revolución francesa de 1789 ve la luz dos años después que la de Estados Unidos 1787, pero también es cierto que en esta última están presentes valores de la vieja Europa asentados en el nuevo continente. América fue el horizonte lejano y buscado al que emigró el turco Elia Kazan elaborando una película como “América,América” en la que nos muestra su personal viaje, como Odiseo. Las modernas versiones del denominado “american way life”, nos mostraron un estilo de vida azucaradamente deseado en los social, económico y hogareño. A veces existen cosas que mandamos a ultramar y vuelven mejoradas, como nuestros palos flamencos. Otras cosas no solo no mejoraron, sino que empeoraron. Entre ellas la democracia, y el estado del bienestar, al menos como se formula en Europa. Si miran las estadísticas de personas mayores de 65 años, la diferencia en los unidos estados de Norteamérica y Europa, es abismal. Poca gente llega a los setenta y menos aun a los ochenta. Un modelo social muy dolarizado, para aquellos que su fortuna se lo permite. Los demás: desafortunados. Un escalón cuyo tamaño aumentó a partir de los años setenta. La sociedad americana se ha radicalizado escorándose hacia la extrema derecha expandiendo teorías como el terraplanismo o el creacionismo, para finalmente, asaltar el Capitolio poniendo la guinda a este pastel que intentan exportar al viejo continente. Todo es justificable en estos modelos y así podríamos terminar con un final americano al estilo Billy Wilder en el film, “Con faldas y a lo loco”: Nadie es perfecto.

 Lo de Virgilio sigue dando resultado.


16 de noviembre de 2022

LA META DEL OTRO VERSO

Hace tiempo leía un extenso artículo de opinión con un titular de cabecera que me llamaba la atención: METAVERSO. En una primera fase de acercamiento escudriñé en su estructura descomponiendo la palabra hasta sus raíces. Meta: mas allá, o después de. En su otra parte compositiva, verso, las raíces latinas nos hablan de hilera, línea, surco que da vueltas, haciendo referencia a la poesía. Fuera ya del ámbito de la semántica intuí un concepto contrario a mi imaginativa e inicial interpretación de ese más allá del verso. No vagaba entre estrofas y rimas asonantes, ni tampoco en el “todo uno” del Cicerón cósmico y su universo. En un intento de actualización alcanzo a una media verdad: Dícese del universo tridimensional de ilimitados espacios virtuales, interconectados.  Finalmente la cuestión, a mi juicio, es más sencilla. Se trata de un negocio, para sacarle rentabilidad a los sueños.  Mark Zuckerberg  pretende que todo sea “meta”, especialmente los beneficios.

 Las increíbles realidades de las que los filósofos griegos nos hablaban, acucian a las sociedades actuales, sobre todo cuando estas son generadoras de espacios sociales desiguales, cuyas diferencias lejos de disminuir , crecen y crecen.  Si este mundo no nos satisface, para qué vamos a luchar por cambiarlo. Mejor es mudarnos a otro virtual  en el que cada persona puede habitar en él de ¿manera similar?  al mundo físico.  Como meta dioses creamos un  monigote, representación virtual de modelos sustitutivos al nuestro, y a este nuevo mundo nos trasladamos, no con la idea de encontrar la Arcadia  de la paz  la armonía y el equilibrio, sino de integrarnos con nuestros vicios y si es posible con los de otros cuya práctica es generadora de éxitos. Nuestros sueños, fabricados en los más recónditos rincones  emocionales del deseo,  son suplantados por los desarrolladores informáticos y dirigidos a un fin crematístico. No habrá nada liberador, lo que  ya advertía el pensamiento de Lampedusa: cambiar algo para que todo siga lo mismo, especialmente la desigualdad, porque todo tendrá una medida,  la capacidad económica. Una falsa puerta de salida al laberinto del desencanto.  Japón ya se ha adelantado en el estudio de fenómenos sociológicos de aislamiento. Son los “hikikomori”,  aislados y comunicados con el exterior exclusivamente  mediante la televisión, los videojuegos o el ordenador, con la consiguiente  pérdida de las habilidades sociales y referencias morales.

 La realidad debe hallarse en la experiencia del mundo sensible, nos decía Aristóteles.   Yo  renuncio a ser converso, por adverso a todo lo que sea perverso.

Me quedo sencillamente con el verso,  nacido  emocionalmente,  que da vueltas y vueltas a la esencia más íntima de su creador y que acaba enredándose  como la yedra en los tapiales  del alma del lector o lectora.

Que  mi verso te acompañe. 

8 de noviembre de 2022

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

 

Neruda en su poema XX de  triste y desesperada canción escribía en uno de sus versos: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Nosotros, los de entonces, somos los de antes pero aprendemos a no ser como los que eran mayores, cuando entonces nosotros éramos jóvenes. Tanto el estatus como el rol del mayor en la actualidad difieren de un pasado no muy lejano en el que este colectivo era clasificado como “pasivos”. Ciertamente el marco tanto de salud como económico de los viejos, no era muy halagüeño, pero la sociedad también se encargaba de asignarles ese rol excluyente en el ámbito social. Para una persona de edad, su única trayectoria era caminar hacia el corto ciclo final de su existencia que ya resultaba improductiva. Para los que eran abuelos, aun les quedaba el viático papel de ser aclamado como tótem del clan familiar. Recuerden esa figura de madera, que con diversas formas, era adorada por la tribu: no tenía ningún otro papel. Decía al principio que no somos los mismos. Somos el segundo país más longevo y ello se debe al cambio en ese conjunto de condiciones socioeconómicas y de salud que hemos experimentado positivamente. Los “baby boomers” de los años 50 nos hemos hecho mayores y contemplamos el presente y el futuro desde otros valores y perspectivas. La generación veinte-veintiuno con un pie en cada siglo, habla, opina, reivindica, se mueve, intenta participar y tiene plena conciencia de que su papel, su rol, no es ni de lejos, la de ser pasivos. Creo que el haber sido en nuestros años de juventud actores de los cambios políticos y sociales más importantes nos ha generado una sinergia pegada ya permanentemente a nuestra piel. Fuimos el 68, el 78, el 88, por eso no asumimos los viejos esquemas contra  los que luchamos. Ser mayor, nada tiene que ver con estar “jubilado”, porque este concepto está vinculado exclusivamente al mundo laboral.  El colectivo de mayores en toda su extensión, sigue teniendo muchas cosas que aportar a la sociedad, independientemente del periodo vital que hayan dejado atrás. Tampoco somos “abuelos”, término generalista, usado para tratar al grupo de mayores. Nos identificamos por nosotros mismos y no por nuestras relaciones familiares. El lenguaje no debe ser excluyente. Al igual que avanzamos en el lenguaje de género, hay que progresar en el de la edad. El día 3 se han iniciado las clases del Programa Universitario de Mayores en la UJA. Hay un dato relevante a destacar. La demanda ha superado con creces a la oferta de los más de ocho cursos y actividades programadas. Nuestro ciclo es el de seguir aprendiendo, para no solamente ser mayores, sino ser mejores.  Hemos adaptado un nuevo término, el “lifelong learning”: aprender durante toda la vida, pero con una diferencia esencial, el ajuste de conocimientos no nos los marca el “mercado”, los fijamos nosotros porque por fin hemos aprendido que “el tiempo es nuestro”.

17 de junio de 2022

A VER SI ME EXPLICO

 

Una buena amiga mía utiliza esta frase en aquellas situaciones en las que necesita enfatizar el fundamento final de una idea, a modo de conclusión de su planteamiento. Puede que sea, a mi modo de ver,  la locución que los latinos utilizaban al traducir a Homero en las  situaciones más increíbles y extraordinarias: mirabile dictu et visu. Como mi amiga yo también voy a tratar de explicarme. Retrocedan a finales del siglo XX y primera década de este y recuerden aquella alegre tela de araña que se tejía de la mano de los promotores de la desregulación total de los mercados y la economía, que derivó en las famosas “subprime” hundiendo la teoría de la mano invisible y perfecta del capital. Todo esto sucedió en los Estados Unidos, país en el que el senador McCarthy, hepáticamente cirrótico ,se encargo en los años 50 de iniciar una caza de brujas para limpiar de social comunistas su país y demonizar para los restos cualquier ideología que contuviera atisbos de bienestar social con azufrado demoníaco, a cargo del estado.  El mercado por sí solo lo regula todo. Dejo claro que quienes dirigen la política americana forman parte de una corriente internacional a la que está vinculado el Partido Popular. Cada cual puede adscribirse en donde democráticamente estime, pero no es honrado ocultarlo. Sigo con lo de las hipotecas basura. Empaquetaron productos de muy dudoso cobro y la mejor manera de venderlos era disfrazarlos en preciosos envoltorios financieros con altos tipos de interés. Como el riesgo era alto se encargaron de que las agencias de calificación, que además eran de su propiedad las matricularan con una “AAA”, es decir, con un 0,12% de posibilidades de impago, (To big to fail) (Demasiado grande para quebrar) era el lema de Lheman Brother, empresa que quebró y a la que pertenecía el Sr.De Guindos (luego Ministro de Economía de España, y ahora Vicepresidente del Banco Central Europeo). Cuando la crisis originada por esas corrientes políticas llega a España, el Partido Popular ya se había puesto  la gabardina para evitar que le salpicara e inicia una campaña para señalar como culpable al Presidente Rodríguez Zapatero.  El Parlamento Europeo, controlado por el Partido Popular Europeo, lanza unas medidas de austeridad económica (el denominado austericidio) que hunden a países como Grecia y causan a España un agujero de 80 mil millones de euros en el sistema financiero. Rajoy se erige como salvador de lo que su propio sistema económico ha propiciado y además la mayoría absoluta del electorado lo avala. La post verdad y la mentira han triunfado, ante un pueblo que se deja plácidamente engañar. Luego vendrá la reforma laboral, el empleo precario, el aumento exponencial de la pobreza, la desigualdad y la corrupción. Lo de galletas Siro en Castilla León con 40 años de gobierno de Partido Popular, resultará ser culpa de Felipe Gonzalez. No le den más vueltas. A ver, creo que me he explicado. Sobre todo, porque hay que volver a elegir.

8 de enero de 2021

MI CALLE DE LOS CAÑOS

 

Voy a hablaros de la vida. Mejor dicho de varias vidas. Porque una calle es un trozo de tierra rodeado de vidas por todas partes. Entre otras, de la mía que vio la luz en el numero siete, que antes fue nueve de dicha calle, con fachada de  piedra en la que al parecer estuvo ubicado el Molino de Los Caños de San Pedro propiedad de D. Luis Pérez. Nace en su parte superior hacia el sur en la calle Martínez Molina y desciende en cuesta pronunciada hacia el Pilar de Los Caños y a la plaza del mismo nombre. A su izquierda y junto al pilar se inicia la calle Gregorio Murcia, que toma su nombre del constructor de esta fuente.  Una calle viva. Hecha a la medida de quienes la habitaban que conversaban con los vecinos desde las ventanas y balcones, gracias a la justa anchura de la calle. Dos aceras de viejas losas bordeaban los edificios y entre ellas un empedrado desigual, pero firme, constituían la seña de identidad de una modernidad añeja, pero útil aun, pese a los años que llevaba prestando su servicio, y que permitían que el chuzo del sereno repicara en su paseo nocturno, anunciando una noche segura

Por la calle de Los Caños, se derramaba el tañido de la campana de la Torre del Concejo y vibrante  venia a mezclarse con el agua del raudal de la Magdalena  y desbordarse en las bocas del pilar de Los Caños. 

Seguramente Antonio, enfundado en su bata gris de la que se revestía a diario para regentar la droguería en la esquina de Los Caños con Martínez Molina, desconocía que bajo su local se escondía el minarete de una mezquita del siglo XI que se extendía a lo largo del margen derecho descendente hasta los Baños del Naranjo, cerrando así el binomio urbano de la purificación por el agua y la oración. Sobre esta construcción andalusí consta en el siglo XVIII un edificio propiedad del Conde de Villardompardo, haciendo esquina con la plaza de los Caños de San Pedro y dotada de dos cañones de agua del raudal de la Magdalena. Tenía lindes por su parte de arriba con la casa en la que se ubicaban las antiguas pescaderías cuyo comercio estaba regentado exclusivamente por mujeres. Esta industria dio nombre a la calle como Pescadería Vieja, al igual que la plazuela. Es con la construcción del pilar de Los Caños cuando cambian ambas denominaciones por la de Caños de Santa Clara o Los Caños. Sería en 1763 cuando el edificio se estructura tal comolo conocemos hoy en día como antiguas Carnicerías. El interior fue remodelado en 1920 por el entonces alcalde de la ciudad D.Inocente Fe Jiménez para instalar el Grupo Escolar de Los Caños. Las escuelas fueron abandonadas en los años 70. Además se constata la existencia de otra industria de tinte de madeja. Cas del Tinte de Bullón, es decir, teñido en caliente de bullir, que el profesor Salvatierra sitúa enfrente de las Carnicerías.

Quién sabe si aquel patio de blanco mármol, de la casa del cura,   cuya luz cegaba cuando el sol se adueñaba de él y de su fuente central, no fuera una reminiscencia de las estancias y patios de la mezquita o de los propios baños. También es posible que las modistas que ocupaban la casa anterior nunca fueran conscientes de la historia que atesoraban en sus bodegas repletas de leyendas que luego contaría Ib Ayun, el astrólogo árabe de La Alhambra.

Al otro lado de la calle, en su margen izquierdo descendente, los desniveles de las zonas abiertas eran ocupados, según el profesor Salvatierra por aterrazamientos y huertos entre ellos el denominado Corral de Hernán Ruiz de Beliarte en el siglo XVI.

Las edificaciones señaladas con los números tres, cinco y siete disponían de hermosos patios, sobre todo el numero tres, cuyos tapiales asomaban a la calle de Gregorio Murcia. Es curioso que en el número once hubo una industria de curtiduría, y con el tiempo en aquel edificio donde vivía el Nico y su familia se fabricaban las zambombas que cantaban en la Nochebuena jaenera y que ellos mismos en esa noche acompañaban con la aleluya ronca de los carrizos

Todo esto y más  era una calle. Hoy es otra, porque son otras las edificaciones que la arropan y otros quienes las habitan.  Pero esa será otra historia.

8 de diciembre de 2020

LA MAGA

 Sabes, aquella noche la neblina había dejado una gasa acuosa sobre las maderas del Ponts Des Arts. Acuérdate. Entonces nos asomábamos desde el Quai de Montebello para ver a la señora del Sena, tan esplendorosa y esbelta con las luces de la noche. Como tú cuando te iluminaban los focos de los bateaux, al son de baladas de acordeón, regalándoles tu mirada desde los muros del rio. Al fondo, al oeste de la noche, la otra dama de esbelto cuello nos mandaba destellos y guiños recogidos del Boulevard Clichy. Es muy alta y aunque esté al lado del Sena ve lo que pasa en Clichy. Creo que es de allí de donde copia ese descaro de pícara nocturnidad. Se cual es la razón de traerme en los anocheceres al Ponts des Arts, porque contrario a las normas que dicta la geografía el rio Sena no divide París. Al contrario; lo une porque el Sena en francés es femenino, es “la Seine”, por eso se deja poner todos esos brazaletes para ser enjoyada por los pasos de quienes la cruzan de la “Rive droite” a la “Rive gauche” .Y entre esos arcos iris tan cabalgados de sueños yo he discurrido muchas veces por el Ponts des Arts desde la Rúe de l’Arbre sec con dirección a Quai Celestine buscando ansiosamente a la Maga de Cortázar. Pont des Arts es diadema con flores de pasos y besos. Más de besos que de pasos. En los brazos de Pont des Arts quedaron colgados miles de declaraciones de amor con una creencia de perpetuidad como las férreas ataduras que se prendían en sus barandas. El amor lo ha cegado con promesas metálicas de dorados suspiros, de mañanas que probablemente nunca llegarán a ser pasado. A veces no es el amor tan duradero como la prisión de esos candados cuyas llaves son entregadas a la madre Sena para su eterna custodia. Tan es así que han sido retirados por el Ayuntamiento de París en el temor de que tan grande carga produjera daños a esa pasarela de quereres .Jamás vi hundirse nada por el peso del amor. No importa que el Pont des Arts haya sido desamorado. Los besos robados en un atardecer lluvioso cubrirán sus barandas como enredaderas y volverán a cargarlo nuevamente. Con un amor libre y sin candados. Como es Paris; tan abierto; tan sin ataduras. Lo cruzaré nuevamente y me detendré a ver cómo pasa el gris oliva acuoso de las aguas del Sena y esperaré a mi Maga aunque no llegue nunca. Volverte a ver por ahora, es difícil. Pero París es también imagen soñada. Como tú.

EL DESIERTO DE LOS VALORES

 Tengo suerte cuando mi libre capacidad de opinar, de hacer un juicio sobre algo o alguien, puedo exponerla en un lugar al alcance de un número determinado de personas, en esta ventana de papel. Lo hice en numerosas ocasiones de forma verbal con mejor o peor fortuna en otros tiempos y lugares. A veces para converger, otras para discrepar. En esta última ocasión, he sido adversario leal. Durante el transcurso de la vida de aquellos organismos que forman parte del conjunto social, estos, cada periodo de tiempo se renuevan democráticamente. Lo hacen con sus órganos internos y en ellos se toman decisiones que afectarán al devenir futuro y al fin para el cual fueron creados. La democracia de la decisión se sustenta en la mayoría de aquellos que tienen capacidad para decidir. A veces las decisiones puede que no gusten a un conjunto que no llega a alcanzar el suficiente nivel cuantitativo de consenso para que su opción, del tipo que sea, consiga ser la de mayor aceptación democrática. Incluso puede que la diferencia sea mínima. En este caso, es donde destacan aquellos líderes que al día siguiente de producirse el plebiscito deciden tender la mano generosamente y buscan todos aquellos puntos de consenso que hacen volver a unir las diferentes opciones fortaleciendo el organismo de cuya máxima representación son responsables. Por otro lado, la democracia lleva implícita un contrato de aceptación de reglas y por tanto el respeto a las mismas. Eso es lo que denomino lealtad a las reglas del juego. No siempre es así. Para algunos, desgraciadamente, ese “deber estar” se supedita a la pretensión no alcanzada, subvirtiendo la democracia y la regla. Inician pues una guerra sucia de poner palos en las ruedas de todos aquellos vehículos que canalizan las decisiones legítimas. Siembran el camino de obstáculos de oculta autoría o simplemente cercenan recursos. Cuando las instituciones que albergan a esta plaga de termitas de la democracia miran hacia otro lado y permiten su reproducción, quedan contaminadas. Lo que fue referencia y valor durante muchos años se disipa y el horizonte se queda sin guía. Como una noche oscura en un desierto. Así, andando a ciegas suelen perecer quienes buscan un camino o una salida de un páramo con la brújula de los valores estropeada. En la religión, la fe salva muchas veces las oscuridades y las pérdidas. En el ámbito de otras instituciones como las políticas o sindicales, cuando las ideas quedan relegadas por la ambición y la falta de ética, entonces por mucho que se empeñen, todo será desierto.

ACÁ Y ALLÁ

 Mi padre me mandaba a pelar a la barbería de lo alto de la calle de Los Caños. Realmente estaba en un rellano de la calle Martínez Molina. Una fachada perpendicular a esta vía que la estrangulaba con la confitería La Campana en la otra parte. El local lo regentaba Emilio, hermano del cura párroco de la iglesia de La Magdalena, cuya vivienda estaba a una decena de metros de esta industria. Los curas y los barberos han sido siempre personajes importantes. Un dúo en cuyas manos se ha muñido la vida y las miserias del paisanaje que giraba en su entorno vital. A sus oídos iban a parar lo más selecto del mentidero. Las lenguas se aproximaban bastante más afiladas que las navajas. Rasuraban y degollaban sin destreza ni piedad. La butaca de la barbería tenía una gran ventaja frente al confesionario. En primer lugar no había que ponerse de rodillas, y con la palanquita del pie del sillón, te subía convenientemente para quedar a la altura necesaria. El barbero, al contrario que en el confesionario, ejercía su oficio de pie, con algo más de incomodidad, pero le permitía una libertad de movimientos, de los que carecía el oscuro cajón eclesiástico. El tiempo del rasurado de barba o del pelado, daba lugar a confesiones bidireccionales, cuestión esta que el derecho canónico no permitía. Finalmente la absolución barbera no comportaba penitencia alguna. Es más, una buena propina permitía salir con una dosis de colonia varonil. Chismes de toda índole y pecados de lo más variado eran controlados por aquel dúo. El local de la barbería venía a ser una especia de sacristía laica. Cura y barbero blandían en sus manos dos herramientas fundamentales. Una para la vida del más allá y otra para la del más acá. La mano que se levantaba y perdonaba tus pecados te abría nuevamente las puertas a la vida celestial. La otra mano manejaba una afilada navaja que se deslizaba varias veces por tu cuello y cuya destreza impedía que pasaras a la otra vida. Sin duda alguna ambos personajes compartían el depósito de confianza necesario para salvaguardar ambas vidas: la terrenal y la otra. No debe ser casualidad que D.Miguel de Cervantes introdujera para su universal obra del Quijote a estos dos personajes, el cura y el barbero, con la misión novelesca de reconducir la locura de Alonso Quijano hacia la razón ordenada. Otro D.Miguel, en este caso Unamuno en su obra Vida de D.Quijote y Sancho los retrata: Ante un acto de heroísmo, de locura, a todos estos bachilleres, curas y barberos no se les ocurre sino preguntarse ¿Por qué lo hará? Nunca entendieron la razón de la sinrazón.

4 de diciembre de 2020

LOS EQUILIBRISTAS

 


¡¡ Los equilibristas¡¡ gritaban los liliputienses de la película de Fellini, haciendo vibrar la erre,  para enfatizar de esta manera  el anuncio de  la llegada del circo.  Las tardes cobreadas del otoño provinciano que permitía el sol de un octubre precursor de lo invernal nos conducían a la feria de un noble mediante la santificación del jolgorio planificado desde el orden civil.  Así, Lucas el del toro evangelizador,  se convirtió  en adalid de la caseta y el pincho con cerveza gracias a preceder al apellido del noble Iranzo.  La carencia y escasez de medios de comunicación de aquellos años de niñez no nos permitían enterarnos con anticipación que llegaba el circo. Porque la feria era el circo. La cartelería, poca por la escasez de papel,  se concentraba en los lugares más concurridos, y algún que otro ejemplar se exponía en los barrios. Había sin embargo otro elemento que  ejercía de anunciador. El aire, que desde el recinto ferial ejercía de pregonero  a los barrios altos  con  un olor característico de aquella gran lona que albergaba la expectante ilusión: las fieras. Era el olor de las fieras, y entre ellas la atención se fijaba en aquellos leones que con su enorme melena y terribles fauces ocupaban la mayor parte de la propaganda. De aquellas fieras desconocíamos casi todo, salvo ser voraces devoradoras de cristianos en los circos romanos, según nos daba a entender la enciclopedia Álvarez, única ventana de la cultura dirigida de aquellas décadas. Algún que otro león aparecía de forma esporádica: fiero,  estrangulado por Hércules, o manso a los pies del evangelista San Marcos. Hoy las camadas de leones, se reproducen más en Wall Street, que en el parque africano de  Serengueti, democratizando la ley del carnívoro: matar para vivir. Han transformado su voracidad depredadora de cristianos  por un menú de pobres y estúpidos avarientos que creen haber encontrado la fórmula de la piedra filosofal en la especulación. Los circos han venido cada vez a menos. Quizás porque el gran atractivo de la carpa era el asombro y la ilusión, difuminados por los avances de la televisión y las redes sociales, otro gran circo adaptado a la oferta consumista. Ya no hay magia, y el truco se ha convertido en estafa y engaño. Porque ya no se trata de sacar nada de la chistera. Todo lo contrario. Meter en ella cuanto más se pueda. Los equilibristas son ahora los que con tres trabajos temporales no llegan a final de mes. Así andamos cuando el circo de nuestra estrella central se ha apagado. Se acabó todo lo que giraba alrededor de él.


16 de junio de 2020

SU ORDEN NATURAL


Ya os han convencido que el “orden natural”  tiene que ser así. Lo han vuelto a hacer. En 2011 nos contaron que la culpa de la crisis era de Zapatero. Resulta que la economía se hundió como consecuencia de la desregulación financiera creada en los Estados Unidos, en donde a saber no existe ninguna dictadura marxista-leninistas-bolivariana y menos aún venezolana. Las hipotecas basura las crearon los mismos del Partido Popular en el otro lado del océano.  No nos olvidemos que quien practica una misma doctrina, no se diferencia porque cambien de país. Luego hicieron la reforma laboral de 2012.  A golpe de decreto. Sin el consenso del que tanto hablan. Precarizaron el empleo y los salarios; nos recortaron en educación, dependencia, sanidad, igualdad, etc. Solo había dinero para rescatar a sus amiguetes los banqueros. Descubrieron que se ganaba más dinero llevándose las fábricas a China. No le pusieron pegas a un país con una DICTADURA COMUNISTA. Ya no se trataba de ideologías y formas opresoras. La cuestión estaba en  que un chino trabaja por 80 euros al mes y aquí les costaba 1000 euros. Se trataba de ganar 920 euros más de beneficios por cada trabajador. Se deslocalizaron industrias; vaciaron a España de puestos de trabajo, de fábricas y se llevaron los dineros a paraísos fiscales. Solo se trataba de ir y venir a China las veces que hiciera falta. Y cuando China se infectó nos trajeron la enfermedad.  Con un sistema sanitario público al que habían dejado de inyectarle la necesaria financiación, la enfermedad se cebó en la ciudadanía española. Rápidamente buscaron al igual que en 2011 un culpable para cargar con todo. Zapatero no vio venir la crisis y ahora Sanchez, cegado por el comunismo bolivariano  tampoco fue capaz de ver la pandemia que galopaba como un rayo sobre España. Curiosa ceguera que solo afecta a la vista y perspicacia de quienes han gobernado bajo el modelo socialdemócrata, mientras la clarividencia, el acierto y el progreso de la derecha neocapitalista solo está en manos de aquellos a los que se les ha aparecido Dios y les ha hablado, tal y como nos manifestó Aznar.  Mi única habilidad es llevar más de seis décadas a mis espaldas; haber visto, leído y  oído. Suficiente para que no me tomen ni por tonto ni por chino.

24 de mayo de 2020

III CUADERNO DE BITACORA CORONA V


DÍAS 5,6,7 y 8


Los primeros días han pasado. Al principio parece difícil sustraerse a la limitada geometría del camarote. No solo porque te coarta tu geografía diaria; además te ha robado el horizonte. No importa. Hay horizontes que no están al alcance de tu vista, porque están dentro de ti. Son los que sueñas noche tras noche cuando duermes y que se perpetúan todas las albas. Luego los adornas con rocíos que llenan de perlas brillantes tus verdes valles salteados de colores florales. Y luego, como una cinta de terciopelo, te dejas rodear por la adolescente calidez de un sol que tímidamente extiende su dorada cabellera por tu mágica creación.  
Ves, como es posible romper el límite impuesto, tirar las murallas de Jericó, con la música de la magia interior.
Todavía te queda mirar por el ojo de buey y contemplar la realidad exterior y ser capaz de distinguir el horizonte de azules. Arriba las gaviotas. Abajo las estrellas, que por la noche suben a confundirse con sus hermanas del firmamento.

Y cuando puedas, sube a la cubierta de tu nave solitaria y canta con  el poeta Paul Valery:

¡Se alza el viento!… ¡Tratemos de vivir!

Cierra y abre mi libro el aire inmenso,



20 de abril de 2020

II CUADERNO DE BITÁCORA DEL BUQUE CORONA V


DÍAS, 2,3 y 4.
Hace unos diez días se veía venir el temporal.  Este no iba a ser uno más. A diferencia de otros momentos históricos en que la humanidad se ha tambaleado, en esta ocasión los avances científicos nos daban la impresión de habernos instalado en una fortaleza inexpugnable capaz de resistir todos los ataques de los males pasados y venideros.
Ahora nos damos cuenta que somos aldeanos globales, pero sobre todo aldeanos, desde el punto de vista de pertenecer a un núcleo mínimo que a nosotros nos parece ser el centro de referencia única. 
 Acabamos de descubrir que el sol no gira alrededor de la tierra. 
La globalización nos ha desbordado. Tras las crisis económicas, ahora nos vemos afectados por una pandemia que nos arrolla como las hojas que caen a la corriente de un rio. Es entonces cuando nos damos cuenta  de nuestra fragilidad. 
El pasado no lo podemos modificar, sólo actuar en el presente para mejorar el futuro, pero nos empecinamos en repetir conductas y grandes errores. Tras la guerra mundial de 1914, la sociedad europea convino que no habría más confrontaciones. Así,  se denominaron a las décadas siguientes: los felices años 20 y los alegres años 30, después vendrían los belicosos 40. La euforia se adueño de aquellas generaciones que muy poco después volverían a los campos de batalla bajo fórmulas y justificaciones  más crueles que las anteriores. El doloroso olvido del pasado. 
Cuando despuntaban las primeras señales sintomáticas, me expresaba en las redes sociales: Veremos a grandes convertirse en villanos y a pequeños convertirse en grandes. Transcurridos cuatro días de navegación, la palabra se hace realidad. 
Estamos aprendiendo a valorar a colectivos que prestándonos servicios esenciales han sido vistos como objetos naturales de un paisaje, que a fuerza de pasar muchas veces ante él, pasa inadvertido ante nosotros. Se nos ha detenido el tiempo; realmente ni siquiera era nuestro porque lo estamos malvendiendo; mal utilizando en cuestiones fútiles. Nos hemos detenido y comenzamos a darnos cuenta de la contribución que aportan a nuestro bienestar todas esas personas. Además lo proclamamos públicamente en un coro vespertino de solidaridad y agradecimiento. Aprendemos que hay una disciplina necesaria individual para resolver un problema común.
Las reclusiones en los hogares son duras; no lo podemos negar. Pero seamos positivos y pensemos que quizás estemos haciendo un curso de humanidad. Falta nos hace.


20 de marzo de 2020

CUADERNO DE BITACORA DEL BUQUE CORONA "v". DIA 1


El último buque en el que navegué se llamaba MONARCH. Involuntariamente me han embarcado en otro.  Uno de los elementos que simboliza a tal nombre, se muestra ahora a ambos lados de la proa y nomina su popa: CORONA “V”.  En este caso no creo que sea casualidad; mas bien causalidad. 
Me preparo para hacer una ruta  imaginaria. No va a ser marítima, aunque tengo la gran ventaja, como las gaviotas, de vivir en la cofa y desde aquí veo y huelo otros mares sin agua en los que el aire de barlovento mueve espumas de verdes y platas.  
Para trazar rumbo, he buscado en mi biblioteca algún ejemplar de LA PESTE de Camus y no lo he encontrado, pero en la memoria del navegante queda una de sus instrucciones: En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio. 
El silencio confinador me llama a hacer constantes visitas a la terraza.  Me aterra el desacostumbrado vacío de la calle, el horror vacui. Siglos aristotélicos de una naturaleza que aborrece el vacío, rompen el equilibrio del conocimiento. 
Buscas desalentadoramente alguna nota  en el pentagrama del  instrumento urbano  que produzca algún sonido. Solo, silencios y silencios, que sólo tienen sentido cuando callan a corcheas, fusas o semifusas. Nada discurre por abajo. Por  arriba se solapan blancos y azules sin ningún tipo de competencia.
 Por fin recurro a Bach, y me acompaño con su concierto para violín en la menor BWV 1041. La quietud queda rota y sosegada armónicamente. Me doy cuenta que la navegación va a ser larga y lo mejor es preparar la megafonía.  Hay que seleccionar  la audioteca. Como el orden de la vida monacal. Un canto para cada hora. Vivaldi y Bach por las mañanas; por las tardes los conciertos y al anochecer los nocturnos  y valses de  Chopin. 
 Queda la lectura. Leía con rapidez una de las últimas novelas de Haruki Murakami, un japonés que me tiene enganchado desde hace tiempo. Estaba a punto de terminar la primera parte de “La muerte del comendador” cuando este embarque inesperado me ha impedido acceder a la biblioteca para proseguir con su continuación.
 Cae la tarde y la noche. Las luces de posición de los otros navegantes solitarios se encienden y el silencio es roto solidariamente. Es verdad el aserto de Camus en relación con las cosas dignas de admiración que suscita el género humano. Me quedo finalmente con parte de lo escrito sobre una bandera belga : Après la nuit et la peur. Après la noir coeur. Les mauvais jours fluirant.La lumierè vaincre les ombres.  
Ninguna nota más a esta primera hoja del cuaderno de bitácora.

19 de febrero de 2020

LA MANO QUE MECE LA CUNA


Hemos asistido, hace unas semanas, al funeral de un óbito que hace tiempo tuvo lugar. El del Brexit. Desde que el premier Cameron convocara aquel referéndum, los británicos tomaron una decisión que se han encargado de afianzar durante el tiempo transcurrido hasta el 31 de enero pasado. 
Pero esta decisión, a mi juicio, se sustenta en un plebiscito cuyo refrendo de 51% a 49%  evidencia una ajustada diferencia de apoyo a la salida de la Unión Europea. La aritmética democrática es correcta. No tanto la política que se va a encontrar con una sociedad polarizada en dos bloques prácticamente iguales. Administrar esta situación va a requerir afinar el arte de la gobernanza política de mano del Sr.Johnson al que le acompaña  una holgada mayoría parlamentaria conservadora, pero carente del toque fino en el diálogo. En los últimos cinco años la sociedad británica ha visto como aumentaba la desigualdad.
 Es en este caldo de cultivo en donde arraigan los populismos y la decisión del brexit no ha sido ajena  a ello. Sobre esto ya apuntaba algo en un anterior artículo  “La nueva Europa”. El tiempo de las emociones se ha acabado ya, incluyendo la enternecedora despedida de Bruselas, con cántico de adiós “boy scout” incluido. Pensar que los economistas y los politólogos van a ser los encargados  de marcar los nuevos rumbos de la Europa comunitaria sería un error histórico tan monumental como el cometido por los ingleses decidiendo darle un portazo al viejo continente.  
Creo que todavía, (al menos en España) no se ha tomado conciencia de que las decisiones en muchas materias no se toman en Madrid. Es cierto que el índice de participación electoral en 2019 con un 60,73% ha estado por encima de la media europea: 50,66%  sin embargo este ejercicio democrático ha de estar acompañado de la exigencia continua a nuestros representantes en todos y cada uno de los días que componen los cinco años de mandato. 
Si nos invade el resentimiento vengativo y facilón como única fórmula hacia el vecino que nos lleva la contraria en la comunidad habremos caído en lo emocional dejando fuera la fría herramienta de la razón.  
Tras el paso de la ruptura hay más cosas. Las bases americanas en Europa se montaron como avanzadilla para combatir la amenaza del “demonio comunista”. La economía europea constituye una seria competencia frente a los mercados de Estados Unidos. 
Inglaterra es sin duda el mejor lugar en donde instalarse y montar un sistema defensivo para frenar economías que erosionen la mejor partida de sus balances: el beneficio.

21 de diciembre de 2019

LAS DAMAS DE PRAGA




Un callejón angosto en Praga. No recuerdo su nombre. Al menos con seguridad. Puede que fuera Belemska, pero la memoria no me lo sugiere con claridad.  Sin embargo, me queda la nítida  imagen de aquella tienda de máquinas de fotografías, ancladas en un pasado que detuvo muchas cosas. Un escaparate de asilo arqueológico. De tiempo congelado. Unos metros más abajo,  en otro viejo edificio que intentaba sobrevivir al calendario, conocí a las damas de Praga.  En su interior, dos habitaciones de paredes cubiertas por el polvo, impedían descubrir el color que le fuera asignado antaño. Dos ventanas altas y estrechas, recogían  la escasa luz de la calleja. Desde esas paredes algunas docenas de miradas me atraían poderosamente, porque ninguna de ellas repetía reflejos o sentimientos. Eran miradas de mujeres. Algunas serenas, dulces, reflexivas, soñadoras, lejanas, pícaras, provocadoras, otras de terror, de lejanía, de contemplación, inquisidora, interrogante, misteriosa.  Permanecí durante un buen rato en aquella sala, con la sensación de ser objeto observado a la vez que trataba de descifrar qué se ocultaba tras cada una de aquellas miradas. A la salida, una pequeña librería en la que adquirí un álbum de gran formato que contenía buena parte de estas obras.
 ¿Le gusta Mucha? Me inquirió el librero. Asentí a su pregunta,  -pero me llevo una colección de miradas- . Pertenecían a los rostros femeninos que Alfons Mucha plasmó en su pródiga producción de cartelería, de la que una buena muestra colgaba de aquellos muros. No oculto mi gusto por el Art Nouveau, pero aquel encuentro casual me proporcionó la oportunidad de ahondar en la obra de este pintor para valorar lo excepcional de su diseño.

Además, a qué venía todo esto. Ya me acuerdo.


Hoy es el día del sol invicto, del solsticio de invierno. Empieza el invierno que siendo sustantivamente masculino, es representado alegóricamente por Mucha por otra figura femenina que destaca sobre un fondo yermo, con naturaleza despojada ya de su otoñal vestimenta y en la que la nieve hace presencia. La alegoría se cubre con una blanca túnica de la que sólo es visible su rostro. Unos ojos que miran hacia algo que ha quedado atrás. Quizás desconfiados.
 No lo sé. Nuevamente los ojos y la mirada.

23 de julio de 2019

LA CEGUERA ENSAYADA


Las preces políticas que  se nos han mostrado en los días anteriores al debate de investidura han dejado muchas cosas en su sitio. El PSOE tiene aún una genética rencorosa hacia lo ocurrido en 1917, año en que las escisiones produjeron la creación del Partido Comunista de España. A estas alturas seguir manteniendo esas  añejas rencillas, cuando del partido comunista dejó de existir en estructura y en ideología hace ya bastantes años, cuando menos parece propio de una gerontocracia  que apesta a naftalina política, que sigue ejerciendo internamente en el Psoe.
A Sanchez se le ha olvidado que la deriva de su partido durante más de 15 años, obedece principalmente al lobby socioliberal que lo ha dominado. Un socialismo ilustrado, (todo para el pueblo pero sin el pueblo) lo alejo de las bases y sobre todo de aquellas bases de votantes (militantes o no). Un electorado de izquierda que poco a poco fue abandonando al PSOE y que alimentó en gran medida la nueva fuerza emergente de Podemos, cuando las propuestas que emanaban se diferenciaban bastante poco de las neocapitalistas del Partido Popular. Sanchez sufre de una ceguera ensayada y articulada por esos mismos grupos  internos que lo expulsaron de la política, cuyas caras ya no vemos pero si su intento de control al que sucumbe el nuevo secretario general. Se  le olvida igualmente al Sr. Sanchez que el proletariado sigue existiendo bajo nuevas fórmulas de explotación, desigualdad y pobreza, y me resulta escandaloso que argumente ahora resultarle duro tener que negociar una coalición con Unidas Podemos, cuando lo duro son los niveles de precarización, desigualdad y pobreza que azota al conjunto de la sociedad española.  Eso es lo realmente duro, señor candidato a la Presidencia de Gobierno. Y está claro que el socialismos europeo, la socialdemocracia,  ha fracasado precisamente por sus pactos con las políticas neoliberales de Europa,  fragmentado en facciones políticas de una izquierda con conceptos más amplios, como la ecología, medioambiente, igualdad, etc. Son lo que el neocapitalismo llama “populismo radical de izquierdas”.
Abróchese los machos políticos señor candidato y entienda que los resultados de las urnas no tienen más que una lectura: gobierno en colación con medidas correctoras de todo aquellos derechos sociales y económicos que le han sido arrancados durante la crisis al conjunto ciudadano más desfavorecido.  La dirección contraria es alinearse con las tesis de los economistas de Chicago, que impera ya en EE.UU y que se ha extendido a Europa: Para que los ricos sean más ricos, los pobres tienen que ser más pobres”. Entonces su partido pasará a integrase en la nada política de la socialdemocracia europea, y como decía el cartel de la  entrada a la laguna Estigia de Dante: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate. (Perded toda esperanza los que aquí entráis). Era la puerta al infierno de la Divina Comedia.


TIEMPOS Y HORAS


TIEMPOS Y HORAS
Los días transcurren ahora de otra manera. La pauta urbana que controla el ritmo diario de nuestros latidos, ha desaparecido. El limitado horizonte de las paredes que encajonan nuestras miradas se han roto. Los acrílicos colores  que nos rodeaban con adecuada uniformidad elegida han sido sustituidos por la aleatoria combinación que proporciona lo natural. Ahora la amplitud del paisaje permite una libre elección del disperso orden de colores que han ido salpicando los fondos marrones y blanquecinos de esa gran pantalla que ofrece el valle del Guadalbullón, con el pico de Moroche sobrepuesto a los grises de la imponente Sierra Sur. Un cuadro de colores modificados por la mano antrópica en el que los amarillos del cereal han sido sustituidos por el verde oliva, que circundan esos puntos de pincel blanco  marcando los cortijos y caserías de las faldas medias y bajas de la sierra. El reloj se ha quedado colgado en el mismo clavo en donde reposaba la vieja llave de la cuadra. Ya no marca las horas, tal como deseaba la canción lejana de Lucho Gatica. Tras el alba, y un poco más arriba del caserón del Espeso, la serrezuela de Pegalajar deja asomarse los primeros rayos de sol que se filtran entre las tupidas ramas de los pinos y las luces y las sombras comienzan a derramarse por la lonja de la casería para ir marcando en el suelo el transcurso de la jornada. Sin segundos, sin minutos, sin horas.
Del valle del río, sube en los atardeceres una brisa que mitiga en parte el rigor veraniego y ordena silenciar el canto monótono de las cigarras que durante el día acompaña al entorno, huérfano ya de tordos, jilgueros y verderones.  Nos anuncia que el día comienza a tocar fin y entonces fijamos nuestra vista hacia el sur para ver como el sol en su caída pinta de bellos e infinitos matices  esa sierra que domina el punto cardinal.
A veces la brisa cesa. Deja paso a un tórrido vendaval de aire, que viene cargado de cuentos e historias de oriente lejanos, que quedan prendidas en las ramas de los pinos; entre ellas se hablan y cantan: es el aire solano. Arranca las flores secas del adelfar y alfombra el paseo que transcurre entre higueras y algún que otro frutal más.  Este viento fuerte y hasta molesto limpia los ramajes de viejos nidos y hace caer alguna que otra historia, que son recogidas entre las agujas secas del pinar, como esta que ahora os relato.  La columna y quien está tras de ella se aprestan a ver como pinta la uva y su madurez, para volver cuando las higueras estén en su mejor sazón.

4 de julio de 2019

MUY AGRADECIDO


Por Junio acaba el curso escolar. El tiempo le borra a uno la fecha exacta del día pero el recuerdo de otras cosas permanece inalterable. Mi escuela era el Grupo Escolar de Mariano Velasco, en la Magdalena. Me queda una visión imborrable de mi periplo escolar. No era una escuela al uso, pese a su ubicación en un barrio de extracción humilde y precaria que era el cuadro general de la mitad de la década de los cincuenta, para una parte de la población. Tenía una escuela enfrente de mi casa, la de Los Caños, en lo que fueron las Carnicerías, hoy abandonadas por la incuria. Sin embargo mi padre no erró en la elección. Aquella unidad escolar magdalenera, disponía de una biblioteca. No era excesivamente grande, pero sus acristaladas mamparas fueron la mejor ventana por la que el mundo futuro de Verne y las aventuras de Salgari, se colaba por aquellos vidrios turbios. Teníamos un comedor en el que se proporcionaban treinta o cuarenta comidas diarias, de asistencia periódica obligatoria para no hacer distinciones de la necesidad. La comida se recogía diariamente en el Hospicio de Mujeres (Palacio de Villardompardo), con un carrillo que portaba aquel perol inmenso. Había cola para llevarlo. En la misma planta baja se ubicaba una sala que denominábamos “la mecánica”. Allí se impartían clases de carpintería, ajuste y algo de electricidad, para aquellos alumnos a los que se adivinaba que los estudios nos les acompañaban. Finalmente, en la última planta, una habitación soleada, orientada hacia el castillo, albergaba cientos de canarios que eran cuidados por los alumnos más aventajados. Le llamábamos “el coto”.  Todo esto hubiera sido imposible sin la dedicación de los maestros que en aquel grupo impartían su docencia. D.Angel Martínez López en los parvularios, D.Luís Martínez Piña, Director y maestro del segundo grado, D.Adriano León, regía el tercer grado y compartía las clases de “la mecánica” con D.Armando Zamorano Real, a cargo del último de los cuatro grados y del que salíamos preparados para el examen de ingreso en la enseñanza media. Los cimientos es el elemento más importante de la construcción. Sin ellos el mejor de los edificios acabará cayendo. Por eso mi memoria destina una parte a aquella época y sobre todo a aquellos hombres. El amor por la lectura y el saber vino en parte de las manos de ellos. He procurado en mis publicaciones hacerles mención. Merecida y necesaria mención a una profesión que la sociedad actual no aprecia, cuando en sus manos está el primer peldaño del futuro. Por eso a mis maestros les quedo siempre muy agradecido.

4 de abril de 2019

DEGENERANDO





La presentación de listas a las próximas elecciones, ha sacado a la luz el fichaje de algunos toreros para engrosar las filas parlamentarias. He buscado en los anales de la política española alguna referencia previa que tuviera similitud con que  profesionales del toreo hubieran cambiado las artes de Cúchares, por las de Sagasta. No he encontrado nada. Como tampoco me suena que ningún torero se haya pronunciado, tiempos atrás, ante los muchos problemas sociales o económicos que acucian a España. Más bien han procurado mantenerse al margen de todo e ir a lo suyo que es engañar al toro con la muleta, cortar orejas y rabos,  y conseguir una buena hacienda con su correspondiente ganadería.
Al parlamentarismo español, bastante polarizado en estos últimos tiempos, con el verbo grueso, desmedido e insultón, no le faltaba más que añadir este ingrediente de  irreconciliables pasiones taurinas, para volver a aquella España de: Viva Lagartijo, muera El Guerra.
Imagínense una sesión de nuestro Congreso en la que su Presidente, saque el pañuelo blanco, para cambiar de suerte en la palabra. O que el interviniente brinde su discurso, montera en mano. O,  a sensu contrario, una mala tarde de un torero, sea castigada con una moción de censura, en vez de la tradicional tirada de almohadillas.
El desempeño de la representación ciudadana requiere, en mi opinión, una trayectoria mínima que acredite por lo menos esa voluntad de servicio al colectivo común. Independientemente del color político, al menos seriedad. La política no puede convertirse en un cartel de Las Ventas en San Isidro.
Se cuenta una anécdota del gran torero Juan Belmonte,  conocido por el Pasmo de Triana, que en una corrida de toros una persona relevante le pregunto al “maestro” por un tal Miranda, que había sido banderillero suyo con bastante arte  en colocar los palos. Y contesto Belmonte: Ahora está de Gobernador en Huelva. El contertulio asombrado volvió a preguntar: ¿Y cómo ha llegado hasta ahí? A lo que el Pasmo de Triana, genialmente contestó: Pues degenerando, degenerando.
Es norma de lógica, que en el Congreso haya políticos, y en las plazas de toros, toreros. El mundo del revés, puede formar parte del artificio literario, pero nunca de la política  Pero además es lo que le conviene a un país para progresar y consolidar su democracia.
 Sin ocurrencias